martes, 25 de septiembre de 2007

¿COMO HABLAR DE DIOS AL HOMBRE DE HOY?

La historia de los hombres de este tiempo parece jugarse al margen de Dios. El secularismo pone a Dios al margen de todo proyecto humano. El hombre se centra en sí mismo y se constituye medida y juez de todo.
Pero, ¿puede el hombre, imagen y semejanza de Dios, no percibir en algún momento de su existencia, la existencia misma de Dios? Sin lugar a dudas, muchos hombres y mujeres han hecho esta experiencia, a veces en la alegría y otras en medio de los sufrimientos más grandes de la vida: lo que para muchos ha sido rebeldía, para otros fue encuentro con el Trascendente, descubrimiento de una presencia callada pero cierta en el interior.
Séneca decía: "Mientras quienes dicen no percibir la existencia de Dios, pues aunque de día así lo afirmen, solos y de noche dudan".
Es cuestión pues, de poner de manifiesto esa presencia al hombre de hoy, en su propia realidad personal. Tal vez el camino sea buscar a Dios en los hombres, en uno mismo y en los otros, en un adecuado equilibrio.
Para emprender este camino no puede partirse sino de la propia experiencia. Los llamados a proclamar la buena noticia del Evangelio somos llamados a producir un estilo determinado de vida. La palabra encarnada es la que evangeliza, pues, "el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan" (EN 40).
Nuestro modo de hablar de Dios será reflejo de nuestra relación personal con El. La autenticidad que tanto valora el mundo de hoy "exige a los evangelizadores que le hablen de un Dios a quienes ellos conocen y tratan familiarmente como si lo estuvieran viendo" (EN 76).
Vale aclarar que el testimonio no anula la proclamación de la palabra, sino que la avala, la hace creíble y posible.
En Romanos 10, 14-17 Pablo habla con convicción sobre la necesidad de predicar. Es una misión a la que no se puede renunciar. "¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!". "El tedio que provocan hoy tantos discursos vacíos, y la actualidad de muchas otras formas de comunicación, no deben sin embargo disminuir el valor permanente de la palabra ni hacer perder la confianza en ella" (EN 42).
Hay que impulsar a los hombres a encontrar a Dios a partir de su propia finitud, en su misma realidad personal, pero con la más plena libertad en la elección del camino. Son las convicciones personales las que le deberán llevar a adherir a la verdad de Dios y no imposiciones externas. La evangelización no será imposición, sino propuesta entusiasta, convencida y real.
"Son innumerables los acontecimientos de la vida y las situaciones humanas que ofrecen la ocasión de anunciar, de modo discreto pero eficaz, lo que el Señor desea decir en una determinada circunstancia. Basta una verdadera sensibilidad espiritual para leer en los acontecimientos el mensaje de Dios" (EN 43).
Las circunstancias también pueden sugerir el estilo conveniente, el tono, el modo. Hablar de Dios al hombre de hoy exige capacidad de observación, descubrimiento y adaptación.
No se trata solo de adaptarse al modo de hablar de la gente, sino también de sus variadas maneras de expresarse, a sus preocupaciones, inquietudes, anhelos y preguntas.
Entre los medios que tenemos a nuestro alcance para realizar esta misión, los instrumentos de la comunicación social ocupan un lugar privilegiado. La necesaria presencia de los medios de comunicación requiere compatibilizar una participación recta y honesta en una sociedad plural, en la cual se debaten las ideas, con la proposición de criterios evangélicos. Es decir, introducirse en una discusión plural, -con respeto-, pero con una certeza trascendente de la verdad valórica. En la selección de temáticas, especialmente en la comunicación que apunta a la entretención, los modelos que se usen pueden ser una efectiva manera de inducir a valores de modo no expreso sino tácito y, por lo tanto, mucho más permeables en el hombre de hoy.
Alentando esta misión, decía el Papa Benedicto XVI al personal de los medios de comunicación de la Conferencia Episcopal Italiana:
"Que en esta actividad los sostenga y les infunda valentía la certeza de que la fe cristiana está abierta a cuanto hay de ‘verdadero, de noche, de justo, de puro, de amable, de honorable’ en la cultura de los pueblos, como enseñaba el apóstol san Pablo a los filipenses (cf. Flp. 4,8). Así pues, prosigan vuestra labor con este espíritu y con esta actitud, dando ustedes mismos un testimonio luminoso de profunda vida cristiana y permaneciendo por ello siempre unidos tenazmente a Cristo, para poder mirar al mundo como él lo mira. Sean felices de pertenecer a la Iglesia y de introducir su voz y sus razones en el gran circuito de la comunicación. No se cansen de construir puentes de comprensión y comunicación entre la experiencia eclesial y la opinión pública. Así podrán ser protagonistas de una comunicación no evasiva, sino amiga, al servicio del hombre de hoy".

Pbro. Walter Moschetti
Delegado Episcopal para las Comunicaciones Sociales del Arzobispado de Rosario, Argentina / Coordinador de la Red de Teología de OCLACC